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¿Cómo viven hoy los pueblos originarios de Argentina?

Como viven hoy los pueblos originarios de Argentina
¿Cómo viven hoy los pueblos originarios de Argentina?
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Los pueblos originarios fueron incorporados al Estado como pueblos sometidos, son ocupantes precarios en sus propios territorios, se les abogó a adoptar una religión y estilo de vida que no le son propios. Son productores de subsistencia. Debido a migraciones forzosas muchos habitan ya en áreas urbanas y suburbanas donde deben de ocultar su identidad para evitar maltrato y la discriminación.

Culturalmente sometidos, los aborígenes hoy en día mantienen muchos de sus saberes y creencias de sus antepasados, incluso, mantienen su lengua. Algunas de sus creencias fueron prohibidas por el “Hombre blanco” como celebraciones de fiestas sagradas para ellos.

Tehuelches o Aónikenk

Se trata de un grupo que se resiste a la extinción. Son una raza escasa pues casi fueron exterminados por gobiernos que llegaron a pagar a quien matara a un tehuelche. Sus descendientes han sufrido mestizaje con chilenos y criollos.

Perdieron su lenguaje, creencias y tradiciones.

Mapuches

Son actualmente 90000 en Argentina. Habitan en Buenos Aires, Río Negro, Santa Cruz y La Pampa. Algunas de las tierras en las que habitan no les pertenecen pues legalmente les fueron arrebatadas. Suelen habitar en zonas marginales sin títulos de propiedad o en las periferias de las ciudades.

En zonas rurales se organizan bajo la autoridad de un líder. Si habitan en zonas urbanas forman agrupaciones vecinales. Se agrupan para luchar por sus derechos y sus tierras.

Buscan recuperar su cultura manteniendo su lengua, cantos y celebraciones.

Pérdida de su cultura

Las mujeres que pertenecen a la comunidad Colla trabajan como empleadas domésticas mientras que los hombres trabajan en el sector de la construcción, como cartoneros o como pintores.

Suelen ocultar a sus hijos su origen para protegerles de la discriminación, muchos hijos de los Colla incluso están terminando carreras universitarias, lo que se traduce en la pérdida de habilidades tradicionales. Los líderes de las comunidades originarias esperan que se mantenga su cultura más importante, la del trabajo.